Un gran espacio, muchos sueños, una vida que pinta ir a la mitad, entusiasmo, y de pronto una fugaz melancolía, supongo que es inevitable, entonces tomo un momento para sentarme, en silencio, cerrar los ojos, respirar, sentirme, darme cuenta de que estoy aquí, y que tengo mucho por hacer, y el tiempo es una medida que inventamos, nada más, porque pasa y pasa, puede ser como si nada, o puede pasar con todo, sobre todo, como el amor.
Me lleva horas ordenar una idea, realizarla, y tengo que ser más fría, menos sensible ante los detalles, lo sé, y es que nuestras formas, las de cada quien, son distintas, los procesos, sin embargo, hay un sólo ingrediente que no varía: la disciplina. Por supuesto el más complejo, pero a la vez tan amable, porque sólo no hay que dejar de hacer lo que se tiene que hacer, nada más, no hay truco, como cuando aprendemos a tocar un instrumento musical, se practica, horas, y más horas, hasta que se domina, después se da otro paso, y así, infinitamente. Hay tres cosas que tengo en mi lista de las actividades diarias, las inamovibles, y en ella voy bien, pero me ha costado apegarme, aunque lo logro, día a día. Extraño hablar contigo, saber de ti, de tu sensibilidad, de tu manera de ver las cosas. Sea como sea, no hay tiempo para detenerse. Quisiera escuchar música contigo, nada más. Te extraño.
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