Si te regalara una nube ¿en dónde la pondrías? ¿la dejarías libre, o le construirías un lugar especial para tenerla? Hoy llegó el otoño, mi estación favorita del año, porque todo se cae, todo se suelta, las calles se visten de colores, concretamente, las banquetas, y cuando caminas por ahí los pasos suenan distintos, y brotan los ritmos del andar.
He tenido el sueño más raro del año, con un pájaro azul sobre mi hombro, que a los minutos se convirtió en una mezcla de cuervo y pterodáctilo gigante, de color negro muy brillante, fue un regalo de mis abuelos maternos, y creció tan rápido y tan grande que ya no podía tenerlo viviendo conmigo, así que tenía que irse y quería que me fuera con él; fue todo muy intenso, porque no era el único ser que era mío, también tenía un perro cocodrilo, si, así como te lo estás imaginando, pero él era de color gris brillante, también grande, pero no tan grande como el ave. En algún punto fui a buscarlo, en compañía de mi perro/cocodrilo, y lo encontré, volando, inquieto, con hambre, desperté. Lo que recuerdo muy bien era mi sentimiento hacia él, mi cariño, porque eso sentí, un amor hacia seres que eran mi compañía en ese mundo. El mundo onírico, a veces siento que soy más de allá que de acá. Desperté desconcertada, y miré el reloj, las 6:03, me incorporé, grabé mi sueño, y después volví a mirar el reloj, las 5:23, me confundí aún más, y juro que estaba despierta, porque miré mis manos y me paré de la cama, y tenía cinco dedos en cada una; sigo despierta, quizá viajé en el tiempo, no sé ni qué pensar, aunque sólo yo viajo al pasado en lugar del futuro, que oportunidad gastada.
Me pregunto si estás bien, y supongo que si, y deseo que si, me pregunto cuáles son tus sueños ahora, los inmediatos, deseo también tu tranquilidad, siempre. Prendí la vela por el equinoccio, y porque me gusta prender una vela de vez en cuando, además de la dominical. Te abrazo, te extraño.
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