Genio y figura hasta la sepultura,, dice el dicho, y a mi me ha pasado a media noche; dormí temprano, como casi siempre, de pronto a la 1 a.m. despierto, llena de calor, te pienso, entran, no sé de dónde, las preguntas ¿por qué tuviste que dejarme de hablar así? ¿qué hice? ¿qué estuvo tan mal? le doy vueltas involuntariamente, pienso en escribirte, lo evito; no puede ser, pienso ¿por qué despierto a media noche con estas preguntas? si todo el día estuvo bien, estos días han estado bien, no entiendo, y cómo no lo entiendo entonces trato de alejarlo, deja de pensar así, me digo, saca esas preguntas, no tiene sentido, me repito, no vas a llegar a ningún lado ¿cuál fue el error? ¿fue mío? ¡Pf! me muevo de posición, busco algo para escuchar, es media noche, tengo que levantarme muy temprano. ¿Qué estoy sintiendo? concluyo. Suéltalo ya, suéltalo, lo repito, lo repito; respiro hondo, mantengo mis ojos cerrados, porque siento que si los abro todo se va a intensificar, me resisto, y entonces me doy cuenta, es el cerebro, nada más. Comienza la calma, abrazo mi almohada, me re acomodo, me voy al corazón, y la calma comienza a sentirse, mi temperatura se nivela, el sueño regresa y duermo, tan profundamente, que al abrir los ojos ya era de día. Comencé el día a tiempo, logré hacer todas las rutinas matutinas, me siento bien con ello; olvido todo, hasta hace un momento, sigo sin entender, pero no me angustio, tengo que entender, tengo que aprender, tengo que luchar para sacar esos pensamientos que llegan de la nada, es que ni siquiera estaba soñando, nada, aparentemente nada. En algún punto del día te pienso, ya consciente, y todo está en calma, todo, e inevitablemente, te vuelvo a extrañar.
lunes, enero 12, 2026
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