martes, diciembre 16, 2025

Avión

 Me llama mi hermana: vamos a la misa que darán por David, aunque sea al final, nomás a darle el pésame a su mamá y a sus hermanas. Yo: pero acabo de entrenar...bueno, te acompaño. 

Llegamos a una iglesia, muy cerca de casa, eramos vecinos, nos tocó el final más largo de una misa, con paciencia, esperamos, terminó, salimos a buscar a la familia, las vemos, abrazo a la mamá, le digo que lo siento mucho, ella agradece, se acerca otra de las hermanas, nos abraza, nos dice que eramos muy importantes para él, le decimos que también lo era para nosotras. Llega la hermana mayor, con la que convivimos más, me abraza, comienza a llorar y me dice al oído: por qué lo dejaste solo; no, él es quien se fue, le respondo. Sigue abrazada y llorando. No entendí nada. Nos soltamos, sonríe, nos comienza a decir cosas de la vida de David, le contamos también algunos recuerdos, nos despedimos. Mi hermana y yo avanzamos, vamos por tu shampoo, me dice mi hermana, le digo que si, procedemos a entrar a un supermercado, compro el shampoo, le comento a mi hermana lo que pasó, no lo tomes personal, responde, piensa que están pasando por un duelo, seguro no saben ni lo que están diciendo o procesando, le digo que si, que tiene razón, supongo que en momentos así nada es personal. 

 No me gusta la muerte, supongo que a nadie, tengo los fundamentos necesarios para saber que no existe el más allá, y si, soy egoísta, por eso no lo manifiesto, en momentos así queda sólo escuchar, o decir cosas que quizá no tengan mucho sentido, comprar un shampoo y dejar que todo se resbale, porque no se trata de una, se trata de la ausencia, del extrañar, de la vida. En fin. Te extraño. 

No hay comentarios.: