El viento, el calor, combinación provocadora de todo: fuego, oscuridad, frío. El tiempo parece lento en ocasiones y demasiado silencio hace que todo carezca de sentido, el pensamiento queda vacío. Palabras que casi nunca se usan, intenciones que nunca se hablan, para qué, si todo es sólo de una, de nadie más. Instantes de desespero, es como navegar en mar abierto y no poder saltar por temor a perder lo que nos mantiene a flote, pero en realidad también es fugaz. Maldito miedo, que fácil es sentarse a su lado.
Me detengo, respiro hondo, cierro los ojos, huyo a mis aposentos, tomo un libro; me pongo los lentes y el mar ya es otro, ya es desierto, libre de todo, con mucha arena para andar, sin temor a ahogarse. Tengo que ordenar un índice y soltar las ideas, para siempre, dejarlas libres, que vuelen, que se vayan y lleguen hasta donde tengan que llegar, porque las imágenes escritas también son visibles. Este caos que en ocasiones me habita termina con un dolor de hombro y espalda, me voy a dormir. Te extraño.
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