Domingo de salir a caminar con mis padres, dar vuelta a un jardín, comprar una deliciosa nieve de chocolate, con chocolate más chocolate, porque la tarde lo amerita, la compañía, el momento, sin pensar, sólo estar, ser y estar, fotos para capturar los instantes, y la alegría. Me gusta cuando mi mamá se siente más suelta, más con confianza, cuando siente su libertad de ir y venir, sin tener que preocuparse por cosas que no están en sus manos, mi padre siempre a su lado, para darle la mano, para escucharla, para estar, sólo estar.
Domingo de descubrir música, y preparar mermelada casera de garambullo, ir al mercado a comprar las frutas y verduras de la semana; después recibí la visita de toda la familia en casa, mis padres, mis hermanos y el cuñado, charlas, risas, comida, compartir anécdotas semanales, y sueños para el futuro, es mi círculo de seguridad, de fortaleza, porque nunca juzgan, siempre escuchan, opinan cuando se les solicita, y cuando no en el rostro se les refleja lo que quieren decir, o lo que piensan, somos el núcleo familiar que queda intacto, o algo así. Casi siempre terminan con la frase: no estás sola, nos tienes a nosotros; quizá por ello no me siento sola nunca, aunque no tenga contacto con más personas, son contadas las veces en las que la soledad llega a pesar, y sé que no tiene que ver con las personas, sino con los anhelos, con todo aquello que se aprende de lo social.
Me gusta que seas de las personas que se despiertan temprano, que hablas claro, que construyes, minuto a minuto, la realidad de tus sueños, tu me gustas, más casi no lo digo, no quiero incomodarte. Te abrazo.
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