Siempre recuerdo cuando dijiste que merecía el mejor trato, lo tengo presente, sobre todo en cuanto a asuntos de los vínculos se trata, y no hablo del amor, sino de las atenciones entre las personas cercanas, el valor entre quienes nos rodean, el interés que debe ser genuino. Cuando pienso en momentos así me voy a la infancia, aquella en donde sentarse a comer un delicioso chayote recién cocido era un momento de tranquilidad y dulzura, siendo una niña que aún no llegaba ni a los 4 años de edad, mis mañana estaban llenas de paz, de silencio y del aroma a café.
Tengo claro que merezco estar bien, y que no debo permitir nada negativo de quienes me rodean, al contrario, merezco todo lo bueno, así lo aprendió el corazón. Te extraño.
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